
HOY ESTAMOS EN BERACA el valle de Bendicion, un lugar de adoracion y un latar de gratitud.
En 2 Crónicas 20, el rey Josafat y el pueblo de Judá enfrentaron una amenaza imposible: tres ejércitos poderosos venían contra ellos. No tenían fuerza humana para vencer, pero tuvieron fe para clamar a Dios. Y Dios respondió de una manera extraordinaria: ¡la victoria llegó sin que ellos tuvieran que pelear! Los enemigos se destruyeron entre sí, y el pueblo solo tuvo que recoger el botín y alabar.
Al día siguiente, cuando llegaron al lugar donde vieron la obra de Dios, lo llamaron Beraca, que significa ‘bendición’ o ‘gratitud’. Ese valle de batalla se convirtió en un valle de alabanza permanente, un monumento vivo de agradecimiento al Señor.
Hoy, el Señor nos invita a descubrir que Beraca no es solo un lugar geográfico del pasado; es una actitud del corazón, un estilo de vida. Cada vez que reconocemos lo que Dios ha hecho por nosotros —en medio de la crisis, en la provisión, en la liberación o simplemente en su bondad diaria—, estamos levantando un altar de gratitud.