
Hechos capítulo 7 nos muestra algo estremecedor:
un pueblo que vio milagros, escuchó la voz de Dios, caminó bajo Su dirección… y aun así desvió su corazón.
No levantaron ídolos porque no conocían a Dios,
los levantaron a pesar de conocerlo.
El becerro de oro, el tabernáculo de Moloc, y la estrella de Refán son ídolos que también hoy en pleno siglo XXI pueden afectar el alma del creyente.